Desde la población Borgoño hasta levantar la copa nacional Sub-13 con Coquimbo
Unido, la trayectoria de Pablo Águila —autor del gol del triunfo en la final ante
Universidad Católica— se ha convertido en una de las historias futbolísticas más
inspiradoras que ha dado Atacama en los últimos años. A sus 13 años, el
mediocampista formado en equipos locales ya empieza a consolidarse como una de
las grandes promesas del norte.
Orígenes humildes y un camino construido en Copiapó
Pablo nació y creció en la población Borgoño de Copiapó. Su padre, Claudio,
recuerda que el inicio del camino futbolístico de su hijo no fue inmediato ni evidente.
“Pablo comenzó a los 7 años a querer ser futbolista, no fue el típico niño que nace
con la pelota en los pies”, relata. Antes de eso, pasó por diversos equipos de ANFA,
donde fue ganando ritmo y confianza.
La consolidación llegó hace cerca de tres años, cuando su familia tomó una decisión
que cambiaría su rumbo: fundar el Deportivo Borgoño, un club barrial creado por sus
padres, Claudio y Nicole, para impulsar el proceso formativo de Pablo y otros
jóvenes del sector.
“Formamos Deportivo Borgoño y ahí comenzó una preparación especial para que
los chicos estuvieran al nivel del fútbol formativo de cadetes”, detalla su padre.
El salto a Coquimbo Unido y una temporada llena de hitos
A inicios de este año, el club viajó a un campeonato en Coquimbo. Fue ahí donde
Pablo llamó la atención de los captadores del cuadro aurinegro. Su talento, visión y
proyección futbolística le valieron inmediatamente una oportunidad. Pablo se quedó
en Coquimbo Unido, iniciando un proceso que lo llevó a crecer con rapidez.
La evolución fue tan notoria que incluso fue ascendido a la categoría Sub-15, con la
que disputó los últimos siete partidos de la Copa Futuro, coronándose campeón
junto al plantel coquimbano.
Paralelamente, comenzó a ser seguido por la selección chilena juvenil, donde
entrenó dos a cerca de tres meses, potenciándose junto a los mejores jugadores de
su categoría en el país.
Su posición natural es la de mediocampista ofensivo, el clásico “10”, aunque
también puede desempeñarse como puntero según lo requieran sus entrenadores.
El gol que definió un campeonato
El 1-0 frente a Universidad Católica en la final nacional Sub-13 puso el nombre de
Pablo Águila en la portada. Su gol, decisivo y lleno de sangre fría, consagró a
Coquimbo Unido y selló una temporada inolvidable para el joven copiapino, quien
hoy es visto como uno de los talentos emergentes del fútbol chileno.
Coquimbo en su mejor momento: el contraste que enmarca la hazaña
El presente del fútbol profesional también entrega un contexto significativo.
Mientras Deportes Copiapó luchó durante toda la temporada por regresar a la élite,
el club no consiguió el ascenso en la liguilla final, manteniendo la incertidumbre y el
desafío de volver al ruedo mayor. Por su parte, el equipo sub-13 del León de
Atacama terminó último de la zona norte con cuatro puntos y una diferencia de gol
de -50.
Coquimbo Unido, en cambio, vive un 2025 histórico: obtuvo su primer título en la
categoría adulta, coronando una campaña extraordinaria marcada por un récord
nacional de victorias consecutivas. Ese impulso ganador ha permeado todo el club,
incluyendo sus divisiones menores, donde talentos como Pablo encuentran un
entorno altamente competitivo y profesional para proyectarse.
Este contraste realza aún más el valor del logro del joven copiapino: un futbolista
formado en los barrios de Atacama que hoy se abre camino en un club que
atraviesa el mejor momento deportivo de su historia.
La importancia del apoyo familiar y comunitario
El camino no ha estado exento de sacrificios. Para apoyar la carrera del joven
jugador, su vida y la de su familia dieron un giro profundo. Al principio, Pablo vivió
solo en una pensión en Coquimbo, pero su familia decidió trasladarse completa para
acompañarlo.
“Para nosotros era muy importante estar cerca de Pablo (…) ahora se siente
acompañado, con mucha confianza, y su hermano pequeño también es un pilar para
él”, explica su padre.
En ese proceso, ha surgido una figura fundamental: Mauricio Carrasco, su padrino,
quien lidera la empresa emergente CEMS Chile. También, ha sido fundamental en
ese apoyo la coordinación y fuerza que entregan desde Fundación Atacamita,
fundación sin fines de lucro que busca crear un impacto positivo en el ecosistema
social, económico y cultural de la región.
“Ellos siempre han estado pendientes de Pablo y lo han apoyado, por ejemplo, con
sus viajes. Su padrino siempre se ha mantenido firme junto a él”, destaca Claudio.
Proyección y mensaje para los niños del norte
Con un año lleno de logros —título nacional Sub-13 y Copa Futuro Sub-15,
entrenamientos con la Roja juvenil y un proceso formativo acelerado—, Pablo Águila
se perfila como uno de los talentos a seguir en las próximas generaciones del fútbol
chileno.
Aun así, su familia mantiene la humildad y el enfoque.
“Queremos que Pablo se siga desarrollando y cumpla sus sueños. Nosotros le
entregamos las herramientas, pero él debe utilizarlas”, sostiene su padre.
Antes de cerrar, Claudio entrega un mensaje que resume la historia del joven:
“Persistir, buscar y jamás desistir, porque los sueños se cumplen”.
Imágenes de las redes sociales de Pablo Águila y campeonatochileno.cl
